Implantación

En marcha en 30 días. Contados desde que sabemos qué tienes.

El compromiso empieza cuando la auditoría ha terminado y los datos están valorados. No el día de la firma: eso sería prometer algo que no depende solo de nosotros.

Las implantaciones de ERP tienen mala fama por una razón concreta: se anuncian plazos antes de saber a qué se enfrenta uno. Luego aparece el almacén que llevaba tres años sin inventariarse, o las cuatro series de facturación que nadie había mencionado, y el proyecto de cuatro meses se convierte en uno de año y medio.

Aquí el orden es el contrario. Primero se audita y se valora lo que hay —eso tiene su propia página—, y solo cuando eso está cerrado empieza a correr el reloj. A partir de ahí sí: treinta días, con un calendario semana a semana que puedes enseñar a tu equipo el primer día.

Un plazo solo vale algo si se puede dar después de mirar. Antes es una expectativa.

Las cuatro semanas

Qué pasa en cada una.

Semana 1

Configuración

Datos fiscales, series de facturación, impuestos, almacenes y usuarios. Se deja el sistema con la forma de tu empresa, no con la de la plantilla por defecto.

Semana 2

Carga y verificación

Entran los datos aprobados en la auditoría y se cuadran contra el origen. Al terminar la semana ya se puede trabajar en paralelo con el sistema anterior.

Semana 3

Formación por puestos

No un curso genérico: quien factura aprende a facturar, quien prepara pedidos aprende a preparar pedidos. Sesiones cortas, con vuestros propios datos delante.

Semana 4

Salida y acompañamiento

Se apaga el sistema anterior y se trabaja solo en Nimber, con el equipo de implantación disponible durante los primeros cierres.

El reloj empieza cuando tú digas

Media hora para entender tu operativa, la auditoría después, y a partir de ahí los treinta días.